Para la danza sugøkusë, cada persona es un universo cuyo centro está en los párpados, ellos son el punto neurálgico de todo. Una danza que se inspira en la roca y tiene su fundamento en la lentitud, eso es el sugøkusë, que significa “piedra parpadeante”.

Marcia hace tatuajes en el local de una galería. Su oficio la enreda a un personaje misterioso que llega con un objetivo claro: convertir sus párpados en dos pétalos de sangre. Pero antes, para que los colores se conserven mejor, él debe alcanzar el pleno dominio del arte del parpadear sugekuse, acuñado por un noruego descendiente de holandeses. Mientras persigue ese fin, frecuenta a Marcia para grabar en su cuerpo diferentes dibujos, que luego le hace replicar en la piel de otras mujeres. A lo largo de estos encuentros, el hombre de traje italiano y camisa francesa le cuenta historias cada vez más truculentas, que dice haber oído en boca de un pescador alcohólico durante su viaje a Noruega.

Estas historias hacen avanzar la trama con solidez y experticia. De la mano de una prosa impecable, nutrida de la sensibilidad poética que lo caracteriza, una vez más, Sancia Kawamichi nos arroja a los confines de lo posible.

Ediotrial Evaristo

141 págs.

20x13

 

Sugøkusë - Martin Sancia Kawamichi

$1.200
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Para la danza sugøkusë, cada persona es un universo cuyo centro está en los párpados, ellos son el punto neurálgico de todo. Una danza que se inspira en la roca y tiene su fundamento en la lentitud, eso es el sugøkusë, que significa “piedra parpadeante”.

Marcia hace tatuajes en el local de una galería. Su oficio la enreda a un personaje misterioso que llega con un objetivo claro: convertir sus párpados en dos pétalos de sangre. Pero antes, para que los colores se conserven mejor, él debe alcanzar el pleno dominio del arte del parpadear sugekuse, acuñado por un noruego descendiente de holandeses. Mientras persigue ese fin, frecuenta a Marcia para grabar en su cuerpo diferentes dibujos, que luego le hace replicar en la piel de otras mujeres. A lo largo de estos encuentros, el hombre de traje italiano y camisa francesa le cuenta historias cada vez más truculentas, que dice haber oído en boca de un pescador alcohólico durante su viaje a Noruega.

Estas historias hacen avanzar la trama con solidez y experticia. De la mano de una prosa impecable, nutrida de la sensibilidad poética que lo caracteriza, una vez más, Sancia Kawamichi nos arroja a los confines de lo posible.

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