Las rocas y las bestias es un texto fractal, parasitario. Tras el disfraz de candidez narrativa se oculta un agujero negro y sus encarnaciones. El escenario: Córdoba. Una casa con vista a la montaña. Tres familias. Adolescentes efervescentes que desatarán el infierno en una casa rodante. El descubrir sexual a los trece. La maravilla química de sentirse iluminado. El patetismo adulto. La exhibición de atrocidades. Violencia, amor y drogas. Una resonancia dream pop, una verdadera aventura en 8-bit. Y cuando parece que ya no hay más para descubrir, surge un relato fantasma que emula aquel formato de canción oculta en la era CD. Un reverso paranoico de la trama principal: procedimiento narrativo que homenajea a los giros argumentales en Lost Highway y Mulholland Drive, de David Lynch. En una de esas páginas, Castromán dice: “La desventaja de pensar el mundo a partir del reduccionismo teórico en boga donde todo es información es que cualquier elemento de la realidad corre el riesgo de verse afectado por amenazas que antes solo se interesaban en las máquinas. Así, los síntomas propios de los artefactos (fluctuación energética, capacidad insuficiente de almacenamiento, obstrucción en la voluntad del autómata, glitch, entre otros) dejan de ser simples metáforas para convertirse en patologías concretas que podrían afectar a los organismos culturales. En otra época ocurría al revés: se empleaban alegorías biológicas para referirse a las dolencias de las máquinas. Ahora que observo parece haber un error en la casa de enfrente. Pero no se trata de una falla concreta o una alteración en su aspecto, sino algo más profundo, sustancial; una anomalía que se presiente en cierta frecuencia enemistada con la razón.”

Denis Fernández

Editorial Marciana

Las rocas y las bestias - Esteban Castromán

$1.690
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Las rocas y las bestias es un texto fractal, parasitario. Tras el disfraz de candidez narrativa se oculta un agujero negro y sus encarnaciones. El escenario: Córdoba. Una casa con vista a la montaña. Tres familias. Adolescentes efervescentes que desatarán el infierno en una casa rodante. El descubrir sexual a los trece. La maravilla química de sentirse iluminado. El patetismo adulto. La exhibición de atrocidades. Violencia, amor y drogas. Una resonancia dream pop, una verdadera aventura en 8-bit. Y cuando parece que ya no hay más para descubrir, surge un relato fantasma que emula aquel formato de canción oculta en la era CD. Un reverso paranoico de la trama principal: procedimiento narrativo que homenajea a los giros argumentales en Lost Highway y Mulholland Drive, de David Lynch. En una de esas páginas, Castromán dice: “La desventaja de pensar el mundo a partir del reduccionismo teórico en boga donde todo es información es que cualquier elemento de la realidad corre el riesgo de verse afectado por amenazas que antes solo se interesaban en las máquinas. Así, los síntomas propios de los artefactos (fluctuación energética, capacidad insuficiente de almacenamiento, obstrucción en la voluntad del autómata, glitch, entre otros) dejan de ser simples metáforas para convertirse en patologías concretas que podrían afectar a los organismos culturales. En otra época ocurría al revés: se empleaban alegorías biológicas para referirse a las dolencias de las máquinas. Ahora que observo parece haber un error en la casa de enfrente. Pero no se trata de una falla concreta o una alteración en su aspecto, sino algo más profundo, sustancial; una anomalía que se presiente en cierta frecuencia enemistada con la razón.”

Denis Fernández

Editorial Marciana