Cuando la creación está animada por vínculos invencionistas, su orden expresa y proyecta otras fonéticas. Es el caso de Gyula Kosice: un inventor, un taumaturgo, un porvenirista que celebra en cada una de sus obras la idea de un universo nuevo.
Kosice es un incansable buceador del espacio. Con ánimo constructivo, con visión planetaria, con audacia y a la vez con sigilo de demiurgo, crea una dimensión original de ese espacio que tanto ha indagado/penetrado/ proyectado, en una formidable ecuación de cientos de obras de todas las dimensiones y todas las materias.
Su historia artística es, sin duda, la historia de un trabajador que sabe bien dónde late la forma, cómo hacer para que la materia palpite, en qué medida el movimiento genera (por sobre la energía) el vitalismo que convoca al ojo.
El hidrocinetismo es su base estética, el presupuesto sobre el cual ha afirmado una teoría, un nuevo diálogo entre los cuerpos, otra dimensión objetual. Kosice arma así una semiótica propia de las formas: quizás se acerca a aquel concepto morfológico que asegura que la forma es movimiento congelado (la orgonomía) y sin embargo, le basta enunciar y consolidar una idea determinada –gota, fluencia, luz, movimiento real o virtual– para que se genere a través de sus manos una energía otrora no concebida.
Está en sus trabajos el irredento espíritu kosiceano de cinética, luz, agua, acrílico, neón, plexiglás, acero. Constelaciones y ciudades hidroespaciales que continúan prodigando una tocable ciencia-ficción en que estímulos sensoriales despliegan acciones convergentes de forma-luz, de luz-forma. Y el agua –no como uno de los cuatro elementos, sino como un fluir de vida– dando acentos de diversidad y de equilibrio, de sustancia que emerge de semiesferas y de planos comunicantes. El agua como significado y como eterno significante.

Jorge Taverna Irigoyen.
 

Asunto Impreso ediciones

272 págs. 

16 x 23 cm

Encuadernación: Rústica

Kosice, Autobiografía - Gyula Kosice

$1.590
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Cuando la creación está animada por vínculos invencionistas, su orden expresa y proyecta otras fonéticas. Es el caso de Gyula Kosice: un inventor, un taumaturgo, un porvenirista que celebra en cada una de sus obras la idea de un universo nuevo.
Kosice es un incansable buceador del espacio. Con ánimo constructivo, con visión planetaria, con audacia y a la vez con sigilo de demiurgo, crea una dimensión original de ese espacio que tanto ha indagado/penetrado/ proyectado, en una formidable ecuación de cientos de obras de todas las dimensiones y todas las materias.
Su historia artística es, sin duda, la historia de un trabajador que sabe bien dónde late la forma, cómo hacer para que la materia palpite, en qué medida el movimiento genera (por sobre la energía) el vitalismo que convoca al ojo.
El hidrocinetismo es su base estética, el presupuesto sobre el cual ha afirmado una teoría, un nuevo diálogo entre los cuerpos, otra dimensión objetual. Kosice arma así una semiótica propia de las formas: quizás se acerca a aquel concepto morfológico que asegura que la forma es movimiento congelado (la orgonomía) y sin embargo, le basta enunciar y consolidar una idea determinada –gota, fluencia, luz, movimiento real o virtual– para que se genere a través de sus manos una energía otrora no concebida.
Está en sus trabajos el irredento espíritu kosiceano de cinética, luz, agua, acrílico, neón, plexiglás, acero. Constelaciones y ciudades hidroespaciales que continúan prodigando una tocable ciencia-ficción en que estímulos sensoriales despliegan acciones convergentes de forma-luz, de luz-forma. Y el agua –no como uno de los cuatro elementos, sino como un fluir de vida– dando acentos de diversidad y de equilibrio, de sustancia que emerge de semiesferas y de planos comunicantes. El agua como significado y como eterno significante.

Jorge Taverna Irigoyen.
 

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16 x 23 cm

Encuadernación: Rústica