El hombre que se encargó de devolverle a la biografía estatuto artístico, dejó constancia del hecho en por lo menos dos libros de calidad superlativa: Lytton Strachey y Bernard Shaw. Investigador irrenunciable, analista inveterado, narra los acontecimientos con una destreza que permite leer sus libros como lo que verdaderamente son: obras maestras del género. El estilo inconfundible de Holroyd complementa la claridad de cada una de sus afirmaciones con una demostración contundente, portadora a su vez de dos cualidades paradójicas: veracidad y humor.

En Cómo se escribe una vida, una compilación de ensayos preparada y presentada por Matías Serra Bradford, los atributos del autor encuentran el cauce exacto, tanto para pensar y hasta discutir con argumentos certeros la biografía y la autobiografía como para encontrar en el pasado los matices de excelencia o de exclusión que permiten juzgar —y volver a valorar— a escritores como Anthony Powell, Hugh Kingsmill y Richard Hughes.

La capacidad de Michael Holroyd para detectar vetas de talento dentro del esquema de una época pretérita, la elocuencia inusual para poder exponerlo a los lectores, equivalen a una exploración arqueológica y a una exposición magistral cuyos resultados provocan en todos los casos un entusiasmo y una fascinación perdurables. 
 

Michael Holroyd nació en Londres en 1935, fecha tan ecuánime como cualquiera para arbitrar el nacimiento y la extinción de muchos prestigios literarios. La curiosidad y una facultad crítica extraordinaria lo instigaron a restablecer la reputación de escritores como Hugh Kingsmill y William Gerhardie, que supieron brillar en la década en la que Holroyd nació. A Gerhardie pertenece el epígrafe que utiliza en Basil Street Blues, el libro más personal de Holroyd, un relato familiar: “El pasado deposita una superficie delgada sobre los días que vivimos. Nos dice del presente más de lo que el presente puede decirnos”. Escribió la biografía de un pintor fulgurante y hoy caído en el olvido (que hizo retratos de Lawrence de Arabia, James Joyce y Dylan Thomas, entre otros): Augustus John; la de Lytton Strachey, el biógrafo e historiador de los victorianos eminentes, amigo de Virginia Woolf (un efecto colateral fue el éxito del film Carrington, inspirado directamente en el libro de Holroyd); la de Bernard Shaw en tres partes, digna de compararse con el Proust de Painter. Está casado con la novelista Margaret Drabble. Es el autor también de A Book of Secrets, Works on Paper yMosaic. Basil Street Blues fue aclamado como el libro más importante de no ficción del año 2002. 

La bestia equilátera

310 p.

Cómo se escribe una vida - Michael Holroyd

$2.100
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El hombre que se encargó de devolverle a la biografía estatuto artístico, dejó constancia del hecho en por lo menos dos libros de calidad superlativa: Lytton Strachey y Bernard Shaw. Investigador irrenunciable, analista inveterado, narra los acontecimientos con una destreza que permite leer sus libros como lo que verdaderamente son: obras maestras del género. El estilo inconfundible de Holroyd complementa la claridad de cada una de sus afirmaciones con una demostración contundente, portadora a su vez de dos cualidades paradójicas: veracidad y humor.

En Cómo se escribe una vida, una compilación de ensayos preparada y presentada por Matías Serra Bradford, los atributos del autor encuentran el cauce exacto, tanto para pensar y hasta discutir con argumentos certeros la biografía y la autobiografía como para encontrar en el pasado los matices de excelencia o de exclusión que permiten juzgar —y volver a valorar— a escritores como Anthony Powell, Hugh Kingsmill y Richard Hughes.

La capacidad de Michael Holroyd para detectar vetas de talento dentro del esquema de una época pretérita, la elocuencia inusual para poder exponerlo a los lectores, equivalen a una exploración arqueológica y a una exposición magistral cuyos resultados provocan en todos los casos un entusiasmo y una fascinación perdurables. 
 

Michael Holroyd nació en Londres en 1935, fecha tan ecuánime como cualquiera para arbitrar el nacimiento y la extinción de muchos prestigios literarios. La curiosidad y una facultad crítica extraordinaria lo instigaron a restablecer la reputación de escritores como Hugh Kingsmill y William Gerhardie, que supieron brillar en la década en la que Holroyd nació. A Gerhardie pertenece el epígrafe que utiliza en Basil Street Blues, el libro más personal de Holroyd, un relato familiar: “El pasado deposita una superficie delgada sobre los días que vivimos. Nos dice del presente más de lo que el presente puede decirnos”. Escribió la biografía de un pintor fulgurante y hoy caído en el olvido (que hizo retratos de Lawrence de Arabia, James Joyce y Dylan Thomas, entre otros): Augustus John; la de Lytton Strachey, el biógrafo e historiador de los victorianos eminentes, amigo de Virginia Woolf (un efecto colateral fue el éxito del film Carrington, inspirado directamente en el libro de Holroyd); la de Bernard Shaw en tres partes, digna de compararse con el Proust de Painter. Está casado con la novelista Margaret Drabble. Es el autor también de A Book of Secrets, Works on Paper yMosaic. Basil Street Blues fue aclamado como el libro más importante de no ficción del año 2002. 

La bestia equilátera

310 p.